sábado, 21 de mayo de 2016

SUEÑOS: Recuerdos del personas del pasado en el hoy

Hacía ya bastante tiempo que no te veía en sueños. Estabas sentada, elegantemente vestida, como invitada para un programa de TV, no recuerdo acerca de que tema trataba. Tu imagen apareció sólo un instante. El sueño era muy real. Me sorprendió muy gratamente. No volviste a aparecer y nadie te hizo pregunta alguna. Era como si sólo yo supiera la influencia que había sido tu persona en el nuevo curso que tomó mi vida profesional luego de aquel ingrato episodio. Ya ha pasado el tiempo, casi una década y casi como una roca que rueda cerro abajo he ido de tumbo en tumbo cayendo. Ya casi sin explicación de lo que ocurrió en aquel tiempo. Después de todo fue una carrera universitaria, tiempo, esfuerzo y dinero que se echó por la borda. Supongo, eso sí que algo queda, hubo muchos buenos momentos, muchas personas y experiencias, mucho aprendizaje que aún queda.
Sin embargo surge una idea desde el inconsciente y esta no debe perderse, casi como un consejo e incluso como una orden de mi mente más íntima que se confunde y contacta con el inconsciente profundo y colectivo. No muestres a la gente que te atrae, es posible que en el fragor del juego íntimo surja el interés por estar con esa persona, por compartir con esa persona o con otras… disfruta ese momento como si fuera una meditación y algo distinto pasará. Después de todo tú estás compartiendo tu intimidad con una persona y esa persona contigo. No solamente es un juego de roces de superficies de piel e intercambio de fluidos corporales y temperatura.
Es posible que la imagen haya surgido como un modo de encubrir lo que tu gustas ahora y las consecuencias a la que te llevó hacer lo que haces, aun... El encubrimiento serviría para darte tiempo de reflexionar y ver posibilidades de cambio en el comportamiento, antes de que empeore el panorama. Además, hay que recordar que de alguna forma yo propicié el mensaje programando tentativamente la mente inconsciente con el sistema de pensamiento orientado por la teoría triuno. 
Hay hay grandes pasajes de lo soñado que no recuerdo pero que de alguna manera me han permitido reflexionar respecto a lo sucedido con la experiencia. 
Por último, si la experiencia que estás retomando te satisface continúala por un tiempo, puede que te esté dando algo de seguridad y estabilidad de la que carecías.



domingo, 1 de mayo de 2016

MACHADO

- ¡Machado!
Luz María y yo dijimos al unísono, Humberto, su esposo nos miró perplejo. Los demás comensales parecieron no notarlo.
     Cuando era niño y esto ocurría decíamos "curry", y sonreíamos casi con complicidad.
     Humberto, el anfitrión llevaba el hilo de la conversación, creo que tenía que ver con la letra de la música de Serrat, todo iba bien hasta que mencionó equívocamente al autor. Al mismo momento, Luz y yo nos dimos cuenta, y esperamos la pausa adecuada para hacer ver lo que sabíamos, como si nuestra mente se hubiese puesto de acuerdo en forma tácita y en un nivel más profundo.
     Había sido extraño, pero la espontánea conexión surgió desde el primer momento. No recordaba haberla visto anteriormente, además, era esposa de mi ex compañero pero sentí esa conexión, difícil de definir.
     Hubo un momento en que tuvimos la oportunidad de estar solos, y de alguna forma creo que tener la razón, ambos fingimos no sentir lo que sentimos durante toda la velada.
     Pude darme cuenta de muchas cosas durante aquel día, que me gustaba, y que no, que era preferible y que no... Después de aquella oportunidad es difícil que vuelva a cometer algunos errores que eran comunes tiempo atrás. además, respecto a esto último, los sincronismos asociados se fueron presentando como más bien negativos. Sin embargo haber compartido con este grupo de personas y en especial con Luz María Harrison, es lo realmente positivo de la jornada.
     
     

martes, 12 de abril de 2016

SUEÑO: La esclava negra que golpea a su hija

     Recuerdo haber despertado muy temprano hace dos noches atrás. Al despertar aún tenía la vaga impresión de haber soñado algo que se relacionaba con dar a conocer mi mayor error o de qué era aquello que yo hubiese hecho pero que me hubiese arrepentido por siempre. 
     Luego del trabajo y cuando volvía a casa en un colectivo, recuerdo haber visto a una mujer joven de raza negra, era delgada y andaba con poca ropa, era muy atractiva. La seguí con la mirada un largo momento, ella estaba cruzando una calle. Casi al momento, y de manera espontánea surgió en mí la imagen de una película del tipo XX, en donde una escena era actuada por una hermosa y joven mujer negra cartera. Ella era jugueteaba sexualmente con un colega de su trabajo y tenían sexo anal en un camarín...
     El colectivo continuo su curso; yo podría argumentar que al menos por un breve instante cruzamos la vista con la joven de color que caminaba por la calle.
     Al llegar a casa, y luego de almorzar me recosté un rato y dormí una corta siesta. Al despertar tenía una poderosa erección genital y claramente se relacionaba con un sueño que recientemente había tenido. En el sueño veía a una mujer negra y joven que golpeaba a una niña pequeña, su hija. Claramente la había sorprendido abusando de su hija castigándola con golpes. Con una de mis manos le sujeté la suya para que dejara de pegarle. 
     Aunque el sueño no tenía carácter sexual yo de igual forma desperté muy excitado. 
     La mujer negra vestía como una esclava del siglo 19 en Brasil. Recuerdo haber pensado que quizá aquella negra mujer era una prostituta del sector de Rubio.


domingo, 10 de abril de 2016

SUEÑO: ¡Pepita de higo...Pepita de higo...!

¡PEPITA DE HIGO, PEPITA DE HIGO…!

Me comunicaba con voz melancólica, casi sollozante, mi hijo Ricardo: él era un niño y yo iba montado en él, mientras gateaba en cuatro patas. Antes de eso, había saludado y conversado con Manuel Díaz, hermano de Bruny y de los hijos de él, primos de Ricardo. Los primeros se veían muy contentos mientras que mi hijo no. Incluso Manuel me convenció que no le mencionara siquiera que lo había visto en sueños.


        Luego de rememorar el sueño y, más aún, de escribirlo me sentí profundamente conmovido, me invadió una profunda pena que incluso me hizo sollozar. Recordé varias veces en el día el episodio onírico y todas las veces me sentí con mucha pena.

sábado, 27 de febrero de 2016

VIAJE A VIÑA DE VISITA

Un par de días antes, había recibido una llamada telefónica de un ex compañero y amigo que vivía fuera del país, invitándome a un almuerzo en Viña del mar. Este evento se realizaría en la casa de otro ex compañero de Colegio que además había sido ex compañero de Universidad. Hacía ya bastante tiempo que no nos veíamos.
Luego de una serie de malos entendidos con el día del evento, viajamos hacia la Quinta Región. En el camino, el matrimonio me contó que ya se habían encontrado con este amigo una semana antes de modo que ya tenía claro el posible panorama que me esperaría. Más aún, viendo como la señora de mi amigo fumaba casi todo el rato un cigarrillo tras otro de marihuana. Aunque sin expectativas, iba dispuesto a pasar un buen rato.
Después del largo viaje, con algunas demoras por prolongados tacos llegamos a casa del “Negro”, el cual nos recibió espléndidamente junto a su señora e hijos, todos adultos.
Comenzamos con una cerveza y conversación, el anfitrión sacó su clásica receta. Yo hacía casi una década que no probaba yerba, pero me asaltaba la duda de cómo iba a reaccionar mi cuerpo, mi persona. No está demás decir que de un tiempo a la fecha me he sentido muy bien en lo personal, en mi trabajo y en mi vida familiar. Mi seguridad personal ha estado muy estable, probablemente como un signo de una madurez que se ha ido alcanzando con el paso de los años y de las vivencias. En la interacción grupal he estado dentro de lo esperado de modo que estaba dispuesto a pasar un buen rato.
Acepté participar en el viejo juego de “la americana” y luego de un  par de vueltas, comencé a sentir el efecto del humo en mi cuerpo. Mis recuerdos en el tema no eran tan gratos, pero aun así decidí continuar, quizás para no “desentonar”, aunque aclaro que pude haber dicho que no, pero no lo hice. El conductor disfrutó sólo una copa de vino y con eso quedó satisfecho.
El resultado no me gustó, sentí que me fui hacia adentro, como si mirara el exterior por una ventana muy pequeña, totalmente insuficiente. Al intentar hablar, no coordinaba las palabras ni las ideas, tartamudeaba, al intentar caminar iba de tumbo en tumbo y mi mano derecha tiritaba casi con un estilo de un paciente de Parkinson. Mantuve la calma. Estaba relajado pero me sentía en desmedro. Mis amigos me invitaron a salir a comprar comestible, pero no me sentía apto y preferí quedarme en casa hasta que el efecto fuera disminuyendo.
En algún momento pude acordarme de que anduve con la cámara y fui buscarla muy a tientas. Al comenzar a filmar, me acerque a la ventana y sentí vértigo: no tuve el valor de salir al balcón pues temía que perdiera el equilibrio y cayera cuatro pisos abajo, o peor aún, tomara la decisión de hacerlo por voluntad propia, pues no estaba en mis cabales y me sentía extremadamente desmejorado.
Mientras fumábamos surgieron en mí fantasías menores con la señora de compañero, el dueño de casa, sentí que el gusto había sido mutuo. Mientras los demás salían de compras, me quedé con ella en casa, no sé si estábamos solos, pero la sentí algo temerosa. A pesar de que momentos antes se había declarado tácitamente como apologetas del dejarse llevar, de la libertad y la naturalidad, preferí mantener en reserva mis fantasías y quedarme a una distancia comunicacional diplomática con L.M. Supongo que adopté como muchas veces con anterioridad en mi vida mi máscara diplomática y no intenté siquiera hacer algún “experimento para ver qué pasa…”, como lo he hecho en incontables ocasiones y que me han llevado a situaciones de desmejora personal ostensible.
El efecto de haber fumado yerba me duró casi hasta la semana siguiente. Pero al menos durante el viaje de vuelta a casa ya me sentí mejor. Una cosa me gustó es que no había dolor en mi cuerpo.
Al día siguiente, por la tarde y ya en mi casa salí a trotar un rato, realizando una rutina aeróbica de desintoxicación de mi cuerpo. Ya para el día siguiente estaba bastante bien.
Evaluado la experiencia, me doy cuenta que no deseo repetirla, al menos en bastante tiempo. Me siento más viejo, más cansado y al hacerla me desmejora aún más.
Hace diez años atrás el efecto de placer y creatividad me duró diez minutos, para luego continuar con varias horas de somnolencia; mucho sueño para estar con los ojos abiertos, y muy despierto para cerrarlos. Esta vez la impresión fue distinta y algo más dramática, piernas sin mucho equilibrio, necesitar casi de bastones tipo trekking para caminar por el departamento, tartamudear al hablar, ni hilvanar ideas, y un notorio temblor en mi mano derecha… incluso con un sentimiento íntimo de vergüenza.
En algún momento había llegado a pensar que quizás el uso de aquella sustancia iba a poder sentirme mejor de como  estaba. No sólo  me sentí peor, sino que lisa y llanamente me desmejoré desmedidamente. Diría que es lo más honesto que puedo admitir. Claramente asumo que anduve alejándome de la visión de centro de la circummambulación en mi comportamiento.
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miércoles, 3 de febrero de 2016

LO MAS PARECIDO

     El orden, la disciplina, la responsabilidad, el respeto, y la posibilidad de poder ganarme la vida teniendo en cuenta mi edad y las limitaciones que conllevan las elecciones de vida que de una u otra forma he ido tomando, las decisiones que he tomado. 
     No se si me quedan muchas alternativas, de un tiempo a la fecha, y ya con más de cincuenta años, he ido perdiendo perspectivas. Tengo claro que es muy difícil que vuelva a hacer clases en algún lado y ganarme la vida en dicha profesión. También tengo más claro aún que no me interesa volver a hacerlo en colegios y en un ambiente que terminé detestando.
     Vocación de servicio y responsabilidad aún quedan como valores en mi persona. 

domingo, 20 de diciembre de 2015

LAVANDO LA BOCA CON JABON...

     Más de  alguna vez escuche a mi madre decirme esta frase en un contexto ambiental libre de garabatos. Claro ella era profesora, y más aun de castellano. Crecí con esa idea, maduré con esa idea. Incluso por esa idea cometí muchos errores, algunos casi diría inconfesables. 
    Pero claro, desde niño habían hecho de aquel hábito familiar nada menos que un principio ético. Muchas  veces me dieron vuelta la cara de una bofetada por transgredir dicha regla: "En casa no se dicen garabatos, si te escucho decir uno te lavo la boca con jabón", sentenciaba la regla.
     De modo que crecí con esa máxima, aunque actualmente he podido flexibilizar esa ideas y funcionar mejor y sin escandalizarme tanto, esto, de alguna forma me ha permitido estar más a la altura de los tiempos, y tener una vida más llevadera, menos infeliz.